María C. Uyarra: Las escuelas azules: el camino hacia la alfabetización marina
A principios de este siglo, expertos en oceanografía en Estados Unidos identificaron un vacío crítico en el sistema educativo: las ciencias marinas apenas tenían presencia en las aulas, Lo que comenzó en 2002 como una conferencia online para abordar este problema, se ha transformado hoy en un movimiento global que busca transformar nuestra relación con el mar a través de la cultura oceánica.
La bióloga María C. Uyarra, Investigadora del centro AZTI y coordinadora de la Red de Euskadi de Escuelas Azules, explicó en un evento organizado por el Donostia Sustainability Forum, en qué consiste esta iniciativa, que integra proyectos sobre el mar en el currículo educativo. Además, se promueven iniciativas de ciencia ciudadana, como el monitoreo de basuras marinas y el registro de arte urbano inspirado en el océano. El objetivo final es formar una sociedad que tome decisiones informadas y actúe con responsabilidad para proteger este ecosistema vital.
Nuestra dependencia del océano es mucho más profunda de lo que muchas personas piensan. No solo nos provee de materias primas y alimento —se estima que entre 500 y 3,000 millones de personas dependen directamente del mar para su supervivencia— sino que es un regulador climático esencial y una fuente de biodiversidad de la que se beneficia, por ejemplo, la farmacología.
El valor del mar, además, trasciende lo monetario. Encuestas realizadas a usuarios de actividades recreativas revelan que el océano aporta bienestar, calma, felicidad y relax, factores vitales para la salud humana. Por muchas de estas razones, el 40% de la población mundial vive a menos de 100 km de la costa, ejerciendo una presión demográfica que amenaza la salud de estos ecosistemas.
Los retos del siglo XXI
El océano se enfrenta a desafíos monumentales: sobreexplotación pesquera, contaminación por plásticos, ruido submarino, e incluso la presencia creciente de productos farmacológicos y drogas en el agua. A esto se suma el impacto del cambio climático, que provoca el aumento del nivel del mar, la acidificación de las aguas y el blanqueamiento de corales, entre otros impactos.
Miren C. Uyarra advierte que la complejidad de estos problemas es similar a un "cubo de Rubik" desordenado. Para poder gestionarlo y ordenarlo, es imperativo aumentar la alfabetización marina. Esta idea supone comprender la influencia mutua entre el ser humano y el océano y actuar en consecuencia. Según explicó, no basta con saber que el cambio climático existe; la verdadera alfabetización marina nos lleva a tomar decisiones informadas y comportarnos de manera responsable con los recursos marinos.
Este conocimiento implica desterrar mitos profundamente arraigados. Por ejemplo, aunque solemos hablar de cinco océanos, científicamente tenemos un único océano global conectado, lo que significa que la contaminación generada en un punto tiene repercusiones en todo el planeta.
Las "Escuelas Azules": El aula como puerto de salida
Uno de los problemas detectados es que el currículo escolar suele simplificar la realidad marina. Mientras que en tierra se estudian diversas categorías de animales, en el mar a menudo se enseña de forma colateral o distorsionada, llegando a clasificar erróneamente a todos los peces como omnívoros en los libros de texto.
Para revertir esto, surge la Red de Escuelas Azules. Estas instituciones fomentan el aprendizaje mediante proyectos relacionados con el mar, implicando a docentes y alumnos para crear un sentimiento de responsabilidad. Actualmente, existen redes globales, regionales y nacionales. En Euskadi, seis centros educativos forman parte de la red local. Los proyectos que desarrollan no se limitan a la biología; son transversales y pueden integrar música, matemáticas o idiomas.
Amar para proteger
El objetivo final de estos esfuerzos es lograr sociedades formadas que influyan en las decisiones políticas y económicas. Medidas como la prohibición de microplásticos en campos de césped artificial o los tapones adheridos a las botellas son pasos necesarios que a menudo requieren un impulso "de arriba hacia abajo" para asegurar la sostenibilidad.
Como bien recordaba la investigadora citando a Jacques Cousteau: "Solo protegemos aquello que amamos y solo amamos aquello que conocemos". La cultura oceánica no es solo una asignatura pendiente; es la brújula que debe guiar nuestro comportamiento para garantizar que el océano siga siendo nuestra mayor fuente de vida y bienestar.
