Iñaki Susaeta: La gestión de los residuos y el reto de la economía circular
"Residuos: no quisiéramos verlos, pero están aquí". Con esta premisa, Iñaki Susaeta, técnico ambiental de la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (IHOBE), abrió su intervención en el Donostia Sustainability Forum. En un mundo saturado de estadísticas, Susaeta propuso un cambio de estrategia: "intentar que el relato mate al dato", huyendo de las cifras frías para abordar la raíz del problema: nuestra relación con los objetos y el coste oculto de nuestro desarrollo.
Nuestra actividad económica transforma los recursos en una marea incesante de desechos. Susaeta puso como ejemplo la industria textil para explicar la magnitud del problema, explicando que se producen 100.000 millones de prendas al año en el mundo, lo que supone unas 15 prendas por persona, muchas de las cuales terminan en vertederos remotos como el desierto de Atacama o en países como Ghana. "Los residuos viajan muy mal, pero llegan muy lejos y a sitios muy exóticos", señaló con ironía, denunciando además la existencia de mafias que mueven ilegalmente miles de toneladas por toda Europa porque, al final, "si alguien está moviendo residuos de forma ilegal es porque aquí hay negocio".
Iñaki Susaeta fue especialmente crítico con el marketing de la sostenibilidad. A su juicio, muchas etiquetas con el lema "reciclable" son cuestionables y a menudo "lo único que hacen es perpetuar una falsa sensación de sostenibilidad en el comprador". El verdadero reto no es solo reciclar, sino cuestionar el modelo: "Igual no tenemos que fabricar más, tenemos que fabricar para que dure más".
Los retos de la economía circular
Uno de los puntos más relevantes de la charla fue la comparación entre la teoría económica y las leyes de la física. Susaeta, citando los límites que impone la termodinámica, señaló que "una economía completamente circular es terminalmente imposible". Explicó que todos los procesos materiales generan pérdidas inevitables y que la entropía aumenta en cada ciclo de reciclaje, exigiendo siempre energía adicional.
A pesar de estas limitaciones físicas, la economía circular sigue siendo el camino necesario, aunque se trata de un proceso que avanza despacio. La tasa de circularidad en Europa apenas alcanza el 11,8%, y en Euskadi se sitúa en torno al 8%. Ante este escenario, Susaeta planteó "¿Qué industrias tendríamos que reducir radicalmente en vez de hacerlas más sostenibles?". La respuesta, sugirió, no solo está en la producción, sino en un cambio radical del consumidor: "Igual no tenemos que fabricar más, tenemos que fabricar para que dure más".
Los residuos: un negocio de proximidad ignorado
Susaeta denunció la hipocresía del sistema actual, donde los residuos a menudo viajan miles de kilómetros de forma ilegal. "Si alguien está moviendo residuos de forma ilegal es porque aquí hay negocio", afirmó en referencia a las mafias que mueven cientos de miles de toneladas por Europa. Frente a esto, defendió el principio de proximidad y autosuficiencia, criticando la paradoja de que "los residuos viajan muy mal, pero llegan muy lejos y a sitios muy exóticos", como el desierto de Atacama o Ghana.
En cuanto a la infraestructura, el técnico de IHOBE utilizó una metáfora llamativa para describir el papel de los vertederos: "El vertedero es un lujo, es el Rolex de la gestión de residuos". Con esto, enfatizó que el espacio para vertido es extremadamente escaso en el País Vasco y que debe reservarse únicamente para lo estrictamente necesario, tratándolo como un recurso de alto coste y no como la solución fácil.
La estrategia 2030 y el mercado de materiales secundarios
Los objetivos definidos para para Euskadi establecen objetivos ambiciosos para el horizonte 2030: bajar un 30% la generación de residuos por unidad de PIB y alcanzar una valorización del 85%. Para lograrlo, Susaeta identificó a los "odiosos ocho": grupos de residuos prioritarios como las escorias de acería, los restos de construcción y demolición, y los plásticos, que por su volumen o dificultad técnica requieren atención especial.
La clave del éxito reside, según añadió, en crear un mercado estable y seguro de materiales secundarios. Euskadi importa el 77% de las materias primas que consume, por lo que transformar el residuo en recurso es una oportunidad de competitividad. Susaeta fue muy claro sobre las exigencias para este nuevo mercado:
- Separación adecuada en origen: "Lo que no se separa bien, no se recicla bien".
- Garantía de calidad extrema: Para ganar reputación, estos materiales deben ser "terriblemente finos" en su control de calidad para que la industria confíe en ellos.
- Prescripción administrativa: Las instituciones deben obligar al uso de materiales secundarios mediante la compra pública verde.
Un llamamiento a la acción colectiva
La charla concluyó con una petición a todos los agentes sociales. A la academia le pidió investigar nuevos usos y mejores tecnologías, recordándole que "la investigación no es a coste cero" y requiere inversión realista. A los productores, perseverancia en la separación; y a la administración, agilidad en el despliegue de instrumentos y vigilancia.
Susaeta cerró apelando a la resiliencia. La gestión de residuos no es una meta perfecta, sino un proceso de mejora continua donde cada agente debe asumir su parte para que, en el futuro, los residuos dejen de ser algo que "no quisiéramos ver" para convertirse en la base de nuestra economía.
