Tres décadas de informes científicos sobre el cambio climático y la crisis de biodiversidad no han sido suficientes para cambiar significativamente la estructura social y el modelo económico imperante en el mundo. Solo la constatación de la conexión que existe entre la salud de las personas y la salud de los ecosistemas puede promover el cambio para resolver la crisis ambiental. Bajo esta premisa Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas, profesor de investigación del CSIC y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos, presentó en el Donostia Sustainability Forum una charla sobre los cambios necesarios para hacer frente al cambio climático.

Se calcula que cada año mueren medio millón de personas como consecuencia directa del cambio climático, aunque esta crisis, explicó Valladares, va mucho más allá. “Afecta a la distribución de vectores de transmisión de enfermedades infecciosas, complica muchos cuadros de enfermedades cardio-respiratorias, afecta a la disponibilidad de agua y alimentos, e impulsa más de la mitad de los movimientos migratorios en la especie humana. En realidad, de forma indirecta, se producen varias decenas de millones de muertes al año”.

Desde luego la muerte es la peor noticia en materia de salud, pero hay muchas más, como se ha podido constatar con la pandemia de COVID 19. Según detalló Valladares, “es mucho más barato prevenir pandemias con medidas como reducir la deforestación tropical, el tráfico ilegal de especies y desarrollar sistemas de alerta temprana que atajar una pandemia. Proteger el medio ambiente sale mucho más rentable”. “Paradójicamente”, añadió, “las sociedades más ricas reducen algo su huella ambiental gracias a la tecnología pero aumentan su necesidad de recursos y acaban contaminando más y liberando más gases de efecto invernadero”.  “Este modo de vida no sostenible, alejado de la naturaleza y depredadora de recursos no nos hace felices”, algo que se nota, añadió, especialmente en las ciudades.

Echando un vistazo al panorama internacional, señaló que dos de las emergencias globales que más nos preocupan en la actualidad, la invasión de Ucrania y el cambio climático, tienen un mismo origen: La dependencia intensa y el uso poco sostenible de los combustibles fósiles. “Si la transición energética se hubiera realizado gradualmente y hubiera tenido ya efecto, probablemente el conflicto no habría derivado en una invasión”. De hecho, explicó que esta crisis está poniendo de manifiesto que “la verde Europa no es tan verde”, ya que “presume de una sostenibilidad que no es real”. La dependencia del gas ruso ha quedado patente y ahora algunos países, como Alemania, están replanteándose su modelo energético. 

Una sola salud

El ecólogo del CSIC terminó su exposición describiendo los cambios a desarrollar en diferentes ámbitos. Para empezar, un cambio en el sistema socio-económico que conlleve consumir menos energía y nuevos planteamientos en el sector financiero, para que no apoyen inversiones que van contra la salud del planeta.  Asimismo, consideró que es necesario modificar el modelo de empresa imperante, ya que las empresas tienen mucho más margen que la ciudadanía para reducir su huella ambiental.

Por último, incidió en el gran cambio relacionado con la salud y el bienestar. ”Muchos aspectos físicos y psicológicos de la salud humana tienen que ver con este concepto de salud planetaria, One Health, vista de una forma integrada con la naturaleza”. Reivindicó que se consideren todas las muertes evitables que se producen en el mundo y que se tenga en cuenta que la esperanza de vida, en los últimos años, está empezando a decaer por los impactos en el medio ambiente.

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