A lo largo de su exposición, y en el posterior diálogo, Irene Baños hizo especial hincapié en la importancia que tiene la educación y la información ambiental para que la ciudadanía entienda la magnitud del problema al que se enfrenta la humanidad. “No son impactos abstractos, sino efectos muy directos en las personas: migraciones provocadas por el cambio climático, hambrunas, enfermedades y pérdidas económicas” explicó.

“Ya no estamos hablando de salvar al oso polar, o el planeta, de lo que hay que hablar es de las vidas humanas que están en peligro por la crisis climática. No es que nos vayamos a extinguir, pero si debemos pensar el nivel de sufrimiento que estamos dispuestos a aceptar” y añadió que nunca es tarde para actuar, “aunque cuanto más tardemos, peores serán las consecuencias”.

COP 26 ¿éxito o fracaso?

Aunque el resultado final de la cumbre de Glasgow generó cierta decepción, Irene Baños se mostró optimista por los logros alcanzados. “Queda mucho por hacer, pero se han hecho progresos. Avances de los que se ha hablado muy poco en los medios de comunicación”. Entre estos avances destacó el hecho de que, por primera vez, se haya puesto de manifiesto que la meta a alcanzar es que la temperatura global el planeta suba solo 1,5 grados con respecto a datos anteriores a la revolución industrial. Un objetivo más ambicioso que el pactado en el Acuerdo de París.

Para conseguir este objetivo, el ya conocido como Acuerdo de Glasglow plantea una reducción del 45% de las emisiones de CO2 para 2030. Además, los países firmantes se comprometen a presentar anualmente sus planes para avanzar en sus objetivos. Y el tema más comentado, como señaló la periodista, por primera vez en la historia de las negociaciones climáticas organizadas por la ONU se menciona directamente los combustibles fósiles como responsables del cambio climático, aunque en el último momento se decidiera señalar en el texto del acuerdo la necesidad de reducir el uso del carbón en lugar de la redacción original, que hablaba de eliminarlo. “Vamos tarde, mal, pero hay motivos para la esperanza”, señaló Irene Baños.

Este optimismo, esta idea de pensar que “estamos mejor de lo que estábamos” es una de las cuestiones a tener en cuenta para no caer en la ecoansiedad, descrita como el temor a las consecuencias de un cataclismo ambiental y la ansiedad que provoca la impotencia por no poder evitarlo.  La propia Irene Baños reconoce que escribió “Ecoansias” cuando ella misma se sentía agobiada por la cantidad de información negativa a la que se enfrentaba a diario. Por eso plantea convertir esa preocupación por el medio ambiente en acción climática.

“Hay que dejar espacio para el optimismo porque en estas cumbres se ve la cantidad de gente que trabaja por el cambio. El mayor de los fracasos sería dejarnos devorar por el fracaso y la soledad que genera la ecoansiedad”, añadió

“Se ponen demasiados titulares catastrofistas, pero se habla muy poco de lo que se puede hacer, hay que empoderar más a la ciudadanía. Contar lo que se está haciendo y lo que se puede hacer”, y añadió que se puede conseguir que esa frustración, ese miedo a la catástrofe ambiental “se convierta en una acción transformadora”. En este sentido, la comunicación y la educación ambiental es muy importante para dar a conocer actividades e iniciativas que consiguen cambios.

De la ecoansiedad a la acción climática

Irene Baños definió tres principios para transformar la frustración en acción climática:

  1. Comunicar a las personas que tenemos alrededor nuestras inquietudes y hablar del cambio climático en cualquier oportunidad, atrayendo la atención mediática y consiguiendo que este tema sea parte de las conversaciones diarias.
  2. Sacudirse la culpa, intentar hacer todo a la perfección en materia, por ejemplo, como el reciclaje o el consumo sostenible genera ansiedad.
  3. Unirse en acciones colectivas, como grupos de consumo, comunidades energéticas y programas de diálogo y debate.

Tres principios y una buena cantidad de acciones en diferentes direcciones. Según explicó, “hay que reducir el consumo, no se puede hacer una transición energética con los niveles actuales. No podemos simplemente reemplazar cada coche de combustión por un coche eléctrico, porque no hay recursos ni materias primas para hacerlo. Tenemos que generar un sistema mucho más circular”

Tampoco basta con sustituir todos los productos que consumimos por otros que lleven el sello bio o eco si seguimos al ritmo actual. “La manera en la que consumimos no es sostenible, venga la materia prima de donde venga”. En este sentido, hizo referencia a productos publicitados para consumir con la conciencia tranquila, como es el caso de los biocombustibles, que generan crisis alimentarias en otros países. “Hay que cambiar el sistema de base, y eso es lo complicado, porque a ninguna empresa le interesa decir que consumas menos”. En este sentido, destacó la importancia de la educación ambiental, para distinguir lo que es una acción climática de lo que es solo marketing. “Ese cambio de base debe venir de la legislación, que obligue a las empresas, y de la educación ambiental”

A la pregunta de si consumir menos redundaría en nuestra calidad de vida respondió con un sí rotundo. “Tendríamos mejor calidad de vida con otro tipo de crecimiento. Estamos como en un bucle en el que la celeridad en la que vivimos genera más precariedad. La calidad de vida cada vez va a peor, tenemos menos tiempo para cocinar, para desplazarnos, y eso repercute en la forma en la que consumimos. La gente joven vive de forma cada vez más precaria. Este supuesto modelo de crecimiento no está funcionando”.

Irene Baños dejó, asimismo, una idea para la reflexión. Es urgente actuar, pero “esta urgencia se debe gestionar con lenta premura. Se requiere frenar el ritmo al que producimos, consumimos y desechamos”.

 

 

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