Aprovechó unos meses de vacío entre contratos para formarse en esta profesión y realizar una estancia en una zona de montaña comunal perteneciente al municipio de Donibane Garazi. Su relato vital y lo que aprendió durante ese periodo de tiempo lejos del despacho centró la jornada organizada por el Donostia Sustainability Forum para explicas en qué consiste el pastoreo sostenible.

Elena Galán del Castillo es doctora en Historia Económica y licenciada en Ciencias Ambientales. Su investigación se centra en la actualidad en el estudio de los aspectos económicos, sociales e institucionales de los sistemas pastorales vascos. Sin grandes comodidades, durmiendo en una borda sin electricidad, cogiendo el agua de un manantial y calentándose con leña, emprendió esta etapa como pastora. Un trabajo que dura las 24 horas del día y que requiere realizar tareas físicas duras, a menudo con unas condiciones meteorológicas de frío, niebla y lluvia. Ese verano en la montaña descubrió, sin embargo, algo que ya conocía en teoría, pero que nunca había experimentado.

¿En qué consiste el pastoreo sostenible? Según Elena Galán “tienes que tener un circuito variado, con parches heterogéneos de vegetación, y tienes que dominar el arte de mover a las ovejas para que coman en las zonas más matorralizadas y que no vayan a la hierba finita que no pueden sobrepastorear”. Un manejo sostenible de los pastos de montaña implica evitar, precisamente, el sobrepastoreo, que crea suelos desnudos, tanto como el infrapastoreo, que da paso a la matorralización, con el consiguiente riesgo de incendios.

Elena Galán destacó la importancia que tiene el pastoreo tradicional para mantener estos ecosistemas, ya que “los pastos tienen un gran valor natural en biodiversidad, asociada precisamente a los usos ganaderos, mantiene una gran capacidad de fijación de CO2 y contribuye a reducir el riesgo de incendios”.

Comunicación animal

La comunicación con los animales es esencial para conseguir que todo funcione, explicó. Y para conseguirlo se puede “imponer el régimen del terror” con los perros o se puede buscar a la ayuda de la oveja líder, que es lo que consiguió la investigadora de BC3. A base de manzanas, logró que la oveja negra, a la que las demás seguían, se moviese según sus indicaciones, lo que hizo más fácil manejar el rebaño.

La comunicación con las personas que visitan la montaña tiene otras particularidades, por lo que explicó. “Graban sin permiso, dividen al rebaño, a menudo traen perros que asustan a las ovejas y utilizan los prados de hierba fina como parking” lamentó. Hay una gran desconexión entre la sociedad y el mundo rural, añadió, lo que hace que haya muchas opiniones “simplistas o incluso despectivas” sobre el trabajo de los pastores.

Futuro del sector

A su juicio el principal problema es el acceso a la tierra, ya que no todo el mundo hereda tierras o puede hacer uso de pastos comundales. Luego están los incentivos, añadió, ¿cómo se remunera a una persona que está las 24 horas del día trabajando? En Francia, por ejemplo, reciben ayudas para poder contratar a las personas que. Como ella, cuidan el rebaño los meses de verano que hay que pasar en la montaña. Trabajar con contrato y con cobertura sanitaria, como pudo hacer ella, deberían contribuir a hacer el trabajo más atractivo

A la pregunta de si le gustaría volver a ejercer como pastora, no lo duda, repetiría. “Para un investigador es menos frustrante estudiar el campo habiendo trabajado en el campo”.

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