Entre los ponentes reunidos en el simposio destacó el biólogo marino y oceanógrafo Carlos Duarte, profesor e investigador de la Universidad Rey Abdullah de Arabia Saudí y autor de estudios pioneros sobre la relación entre cambio climático y océanos, restauración de ecosistemas y pesca sostenible. Sus investigaciones le valieron en 2019 el premio Fronteras del Conocimiento, que concede la Fundación BBVA, en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación.

Carlos Duarte ha contribuido en las últimas décadas al conocimiento de la biodiversidad marina y a definir estrategias de restauración de ecosistemas marinos y costeros. A la luz de sus investigaciones, estamos en un momento clave para valorar las pérdidas sufridas, los logros conseguidos en los últimos 30 años, exponer los retos que supone el cambio climático y definir políticas que mejoren la salud de los océanos.

Entre las pérdidas sufridas, Carlos Duarte cifro en un 50% la pérdida de hábitats marinos como manglares, praderas submarinas y marismas, en otro 50% la disminución de grandes animales marinos y en hasta un 30% la desaparición en especies de interés pesquero.

Sin embargo, algo cambió hace 3 décadas, con la puesta en marcha de políticas de conservación de especies y de mejora de la calidad de agua que ya están dando sus frutos. Las iniciativas, por ejemplo, para reducir la contaminación química, se han demostrado eficaces en estudios como el realizado hace 10 años por la expedición Malaspina, que comprobó que la presencia de plomo en el agua es un problema resuelto gracias a la desaparición de carburantes con plomo en los años 80. Otros metales y contaminantes orgánicos con gran impacto en la vida marina también han disminuido en los océanos.

Para el año 2050, explicó Carlos Duarte, es posible revertir la pérdida de ecosistemas marinos y de biodiversidad poniendo especial atención en las políticas de restauración que deben llevarse a cabo esta década.

Políticas saludables para los océanos

El océano absorbe gran parte del exceso de calor que se genera debido al efecto invernadero y un tercio del carbono emitido a la atmosfera, pero su papel como mitigador del cambio climático tiene un límite. El aumento de la temperatura del océano, situado en 1 grado por encima de niveles preindustriales, y la aceleración de la subida del nivel del mar son muy preocupantes para el futuro de la humanidad. Para 2050, se calcula que el nivel del mar habrá subido entre 20 y 30 centímetros, con el consiguiente impacto en las infraestructuras costeras. Las políticas de mitigación del cambio climático son, por tanto, claves de cara a conseguir océanos más saludables.

Asimismo, Carlos Duarte mencionó la presencia de plástico en ecosistemas de gran valor, como praderas submarinas y manglares, donde interfieren en el ciclo natural. La pandemia de COVID 19 ha echado por tierra las políticas de prohibición de plásticos de un solo uso, añadió. Se esperaba que la producción disminuyese un 18% y, en realidad, ha aumentado un 18%. Desarrollar nuevos sistemas de reciclado, de plásticos biodegradables y utilizar estos materiales de desecho como fuente de energía son estrategias que pueden contribuir a mitigar el problema.

El oceanógrafo citó riesgos y pérdidas, pero también mencionó soluciones en marcha ya desde hace años. En el año 2000 hubiera sido muy pesimista, explicó, al analizar la situación de los océanos, pero desde 2010 se ha producido una auténtica “ola de noticias positivas” sobre éxitos en recuperación de especies y hábitats amenazados. Cree que es posible conseguir un océano saludable en 2050 y, como muestra, el impulso que ha experimentado la protección de superficie marina, que en el año 2000 era solo de un 0,3% protegida y que 20 años después ha crecido hasta el 8%. Asimismo. destacó el crecimiento exponencial de los proyectos de restauración de ecosistemas marinos y costeros: 9.000 veces más desde el año 2000.  

Entre los actores del cambio, Carlos Duarte citó a las empresas, que impulsan actuaciones para frenar el cambio climático. Puso como ejemplo la inversión en la recuperación de praderas submarinas y marismas, la primera línea de defensa de nuestras costas ante el aumento del nivel del mar, ya que reducen la energía del oleaje y depositan sedimentos que aumentan el fondo marino. “El problema del cambio climático es demasiado grande como para dejarlo en manos solo de los gobiernos, hay que involucrar a empresas y ciudadanos”, añadió. La sostenibilidad va a ser un sector que va a aumentar su volumen de negocio y el interés de las empresas en participar es un hecho.

Además, Carlos Duarte señaló la importancia que tiene desarrollar políticas de pesca sostenible. Los umbrales de producción de alimento en tierra están al límite pero hay grandes opciones de producir comida gracias a la acuicultura marina, que jugará un papel importante en el futuro de la humanidad. Se puede conseguir que no produzca impactos ambientales, añadió, y que genere beneficios. Entre los proyectos en los que participa, citó trabajos de producción de algas y bivalvos que, además, contribuyen a limpiar el medio marino. En cuanto a los stocks salvajes, los esfuerzos invertidos en reducir la presión pesquera desde los años 90 han dado fruto pero, a su juicio, las limitaciones se tienen que revisar para que las especies no estén al límite de explotación y puedan recuperarse mejor.

Según señaló, la humanidad es consciente del papel fundamental que juegan los océanos en su salud y bienestar. Se trata de valorar algo más que los meros servicios económicos que prestan (pesca, energía marina, minería, productos naturales) y asumir que el futuro de la humanidad depende, en gran medida, de la salud de los océanos.

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