Enrique Monasterio Director de Desarrollo e Innovación de EVE, repasó la evolución de la energía que consumimos. En 1982 (año en el que se creó el EVE) la energía en Euskadi provenía en un 24% del carbón, en un 62 % del petróleo y el gas apenas existía (0,6%).  En los 80 y 90 la apuesta fue el gas y posteriormente fueron introduciéndose las renovables para acabar con el carbón y reducir la dependencia de los derivados del petróleo. Ahora producir energía renovable es mucho más barato que hace 30 años. Los avances en el almacenamiento de energía han dado paso a un escenario donde las baterías de litio tienen un coste razonable.

Enrique Monasterio decía que, a partir de ahora, la transición que viene va a ser mucho más rápida: “Hay una clara sensibilización social por el cambio climático y también interés del consumidor en participar en el sistema, produciendo su propia energía, energía limpia y cercana”. La concienciación social sobre el cambio climático y su incidencia en la salud es uno de los tractores fundamentales de la “revolución energética”. Existen también en Europa razones geopolíticas para no depender energéticamente de otros países. Un cúmulo de circunstancias que llevan al consumidor a asumir un nuevo modelo energético. Enrique Monasterio habló de una nueva cultura de la energía que nos llevará a un modelo 100% renovable.

Casi todo tendrá origen eléctrico

“Si lo que tracciona todo es la lucha contra el cambio climático, hay que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Para seguir consumiendo energía será necesaria la eliminación total de las energías fósiles y la energía renovable proviene casi en su totalidad de la electricidad. Al final se electrifican los consumos. La movilidad va a ser eléctrica e incluso los consumos domésticos en calefacción irán en la misma línea”

La energía eléctrica, si es renovable, puede ser la mejor solución también para generar calor, al contrario de lo que se pensaba antes. La prioridad de reducir el consumo es otro de los axiomas que puede variar ya que la prioridad pasa a ser la correcta gestión de la demanda y aprovechar mejor un recurso renovable. Esta gestión no pasa siempre por un menor consumo sino por adecuar la oferta de energía más barata en una hora determinada a la demanda.

Los motores de combustión de los coches no son ya garantes de autonomía. Ya hay ciudades en las que se prohíbe su circulación y los coches eléctricos ya tienen una autonomía de 400-500 km. ¿Cuántas veces recorremos más de 400 km en un mismo día? Las baterías para estos vehículos valían 1000 dólares/kW hace 10 años, ahora 150, y el litio que se usa en su producción es reciclable. Aludiendo a la incertidumbre de la ciudadanía que está ralentizando la renovación del parque móvil, Enrique Monasterio animaba a la compra de coche eléctrico. En 4 años el precio del coche eléctrico y el de combustión se va a igualar.

El descenso de precios, imprevisible hace poco también en las instalaciones solares y eólicas, y el ahorro en el capítulo de la iluminación (los LED han bajado en un 95% respecto a las lámparas incandescentes) eran los ejemplos que aportaba Enrique Monasterio para centrarse en la SMART Energy. La infraestructura energética va a tener un control digital que aportará al consumidor toda la información que necesita sobre la generación eléctrica en cada momento.

El hidrógeno va a jugar varios papeles. Uno de ellos el de acompasar los momentos de generación con los de mayor demanda. Cuando se da un exceso, éste se usa para la generación de hidrógeno, que a su vez generará electricidad cuando la demanda lo requiera. El hidrógeno como combustible tiene mucho futuro en sectores como la aviación, los barcos y camiones de largo recorrido, cuya electrificación es más compleja.

Si hoy por hoy el origen de la electricidad consumida en un 40% es renovable, para 2030 será un 74% y el 100% en 2050 según el plan del gobierno español entregado en Bruselas. Enrique Monasterio aportaba otro dato: de toda la potencia eléctrica instalada en España, la mitad es renovable y además hay tal cantidad de peticiones para verter a la red, que duplica la potencia instalada total. La fotovoltaica, que va crecer exponencialmente en el sur de Europa, se genera siempre durante el día, por lo que las tarifas diurnas de electricidad bajarán y las empresas que ahora trabajan de noche por ahorrar costos (las siderúrgicas, por ejemplo) dejarán de hacerlo. En Euskadi, tras las nuevas normas, la energía fotovoltaica pegó un claro despegue en 2019, coincidiendo con el proyecto Ekian (planta instalada en Araba) y Monasterio le augura un claro crecimiento.

Nuevo consumidor-gestor

El consumidor puede gastar y pagar por la energía, pero ahora también tiene potestad para generar electricidad. Usarla, venderla o compartirla con sus vecinos. Algo impensable hace escasos 2 años. El consumidor va a estar generando y gestionando la energía que consuma e incluso se irá introduciendo en el capítulo de su almacenamiento. Ha surgido también la figura del agregador, que reúne a un grupo de consumidores decididos a intervenir en el mercado.

Las grandes empresas energéticas de todo el mundo se han dado cuenta de este sustancial cambio y ya han iniciado su adaptación porque han surgido también nuevas comercializadoras (algunas en régimen cuasi cooperativo), que aseguran una energía 100% renovable y suponen una nueva opción para el consumidor.

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