Hablar del virus como si fuera un ataque estratégico sin pensar que somos nosotros los que hemos creado las condiciones ideales, es irreal. No hay tiempo para frenar nuevos casos de zoonosis porque no se puede compensar el cambio climático a la velocidad necesaria para evitarlo. Si se lo creen los políticos, no hay discusión ideológica en unos presupuestos. El cambio tiene que ser radical en términos de salud, medioambiente y servicios sociales. Rafael Bengoa se lamentaba porque no había visto a los gobiernos interrelacionarlos.

No tenía constancia de que el gobierno de Pedro Sanchez hubiera tenido un comité de expertos, frente a los 3 de Gran Bretaña, los 2 de Suecia o el que tuvo Trump, y de ello se dolía Rafael Bengoa, se repite el patrón de incomunicación entre quienes tienen que adoptar decisiones políticas y la ciencia. Tras el repaso de la evolución de la pandemia en distintos países, achacaba los mejores resultados en Italia y Alemania a la rapidez en la toma de decisiones. “Estas decisiones no pueden estar en manos de los jueves, son decisiones que hay que tomar en horas”.

Credibilidad y Liderazgo

Rafael Bengoa se basó en su exposición en lo que sabemos por las 10 pandemias de gripe durante los últimos 250 años. Siempre vienen por oleadas con réplicas más fuertes. Muchos “decisores” descartaron esta posibilidad. El confinamiento funcionó, el desconfinamiento no. “El sesgo positivo que todos tenemos, trabaja contra nosotros en estos momentos”

Así se nos escapó de las manos el comportamiento ciudadano y la infraestructura de rastreadores necesaria. Cuando no funciona el rastreo por falta de rastreadores lo único que queda es microconfinar a la población por barrios y, si tampoco se controla, volver a confinar toda la ciudad. “Así se han controlado siempre las pandemias. Mientras no tengamos la vacuna, estaremos en esta situación durante meses”.

El escenario que pintó a futuro recogía una tercera oleada incluyendo la recuperación de las personas que no han recibido la atención que necesitaban durante el confinamiento y que comienzan a aflorar en los centros de salud. La cuarta oleada, la llamada oleada invisible es la de la salud mental.  Hay estudios que indican que no es tan grave, pero otros hablan de tendencias depresivas y suicidas entre la población. Rafael Bengoa repetía lo de “invisible” porque nadie va a salir a protestar, pero hay que estar muy pendientes de la misma porque es grave.

Sin embargo, introdujo una cuña optimista al comentar que la afección de la gripe estacional en el hemisferio sur está siendo la más leve de las últimas dos décadas porque el uso de las mascarillas y la distancia social la están frenando. Si seguimos utilizando todas las medidas de protección, es posible que aparezca algo de luz.

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Los países estaban con una salud pública muy debilitada para controlar una pandemia, a la que hay que sumar la situación de las residencias y un modelo de servicios sociales que hay que modificar, y con una relación entre ciencia y política poco efectiva.

Las salidas ante esta situación pasan por repensar las decisiones que no han funcionado. Si la salud pública no ha funcionado hay que reforzarla. El pensamiento único es el que más quiso denunciar porque es el que llevó antes y también ahora al fracaso. Gobierno y partidos políticos creen que todo se puede controlar con sus equipos internos y no con los expertos externos. “Los 40 o 50 expertos que conozco han estado apoyando más a los medios de comunicación que a los gobiernos”. El pensamiento único sumado al sesgo optimista determina una mala decisión advertía Rafael Bengoa. “Esto no es una decisión de partido político, esto es algo mucho más serio”. Rafael Bengoa sugiere crear un organismo independiente y público que una Salud y Medioambiente.

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